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He visto este corto varias veces, en cada una de ellas me sugiere algo distinto. Creo que pocos pueden quedarse indiferente ante él. Me genera angustia, por el control, no sólo que uno puede sentir, sino por el se que quiere tener, nos creemos poderosos con él, cosa altamente peligrosa. Otras veces encuentro en el whatsapp una herramienta más, bien pensada, que nos facilita la comunicación, y que junto con el resto de las demás, nos abre a la gente, con más intimidad, como casi todo lo escrito. Otra, me parece me parece invasora, exigente y perversa. Sucedánea. Y siempre adictiva.

Pero la realidad, es que ella había dejado de quererlo, con whatapps, o sin él. Con el doble check o sin él. Quizás Dios, pues.

Salgo a la calle. Todos los días. Encuentro mensajes. De otros. De los que nada se. Gritan al mundo, sin saber quién los escuchará. Palabras cargadas de emotividad, de fuerza y magia. Me fascinan.

    

Fotografiar es hacer magia

Estas navidades, Paulo Frias, profesor de Ciencias de la comunicación, en la Facultad de Letras de la Universidad de Porto (Portugal),  se puso en contacto conmigo, porque parecía interesado en publicar algunas de las fotos que vengo haciendo desde primavera con el iphone y compartiendo en instragram. La publicación iba dirigida a formar parte de un proyecto que él dirige sobre periodismo on line, y en el colaboran la Universidad y el periódico portugues Público . Según sus propias palabras “es un site informativo innovador con lenguajes y narrativas visuales bastante distintas de lo que es normal”.

La cosa se concretó y aquí está el enlace de la publicación.

Publicación en P3. Domingo, 15 de enero de 2012

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Mateo (ya con 7 años) una vez más me hace pensar, a esas horas interpectivas…

Mateo. Diciembre 2011

Mateo. Diciembre 2011

“Pues yo lo que no entiendo es cómo aprendí a hablar sin saber leer y escribir, porque ahora cada vez que pienso y digo algo necesito saber cómo se escribe, y ver en mi mente la palabra. Y lo que ya no puedo comprender es que antes de hablar no podía ponerle palabras a los pensamientos, y cuando era un bebe yo no se si pensaba sin palabras, con dibujos, por ejemplo…”

Ayyy Mateo, ayer leí aquello que dice que para lo que encontramos palabras es algo ya muerto en nuestros corazones. Un  trecho entre lo que te preguntas (la gran cuestión sobre la genésis del pensamiento y el lenguaje) y esto otro que te cuento.

Catálogo de besos

Os recomiendo este título. Pudiera parecer un cuento de estos modernitos, con ilustraciones al uso y bonitas encuadernaciones, pero vacíos de todo. Pues no. Expone los tipos de besos que damos a lo largo de toda una vida, los describe maravillosamente,  con mucha delicadeza, y en paralelo, cuenta una breve historia que contextualiza cada ejemplar. No me gustan los nombres que le da a algunos tipos, pero eso es fácilmente modificable.  Hay besos recompensa, besos perdón, besos envenenados, despechados, soñados, perdidos, veletas, indelebles, susurro, inevitables… Os dejo uno de los tipos que expone para provocar que mañana vayáis a comprar el libro. Prometo no llevar comisión, creo que cuesta en torno a 18 euros,  la autora es Raquel Díaz Reguera.

Portada Catálogo de besos. Raquel Díaz Reguera

Beso rutina

“Este ejemplar se instala en el lado aburrido de la cotidianidad. Es un beso ni fu ni fa, que ni siente ni padece. No transmite ni frío ni calor y no hierve a ninguna temperatura. No se piensa ni se despiensa, se da sin más. Se cocina sin sal y sin ganas y su sabor es completamente insípido. Va acompañado de hilo musical de sala de espera. Está domesticado (…) es expansivo y suele apropiarse del lugar que ocupan los besos apasionados (…)  son los que consiguen que otros comiencen a perderse.”

Trocitos de realidad

Algunas de las fotos que hago y publico en instragram desde hace unos meses. Es mi particular mirada a lo que me rodea.

Un sucedáneo

Para pensarlo despacio y profundamente

Pinchad este enlace para poder ver el video.

He visto varias veces la sucesión de imágenes que este anuncio nos ofrece, he observado después la realidad que me rodea, en la que esto que nos cuentan está más que presente, me he sentido identificada en los dos papeles que se representan (el que genera la transparencia y al que se la imponen) y sigo dándole vueltas.

Es interesante la visión que nos ofrece, parece que todo lo que rodea al que tiene un móvil a su lado es divertido, interesante… digno de ser vivido, pero no muestra las horas de espera en la parada del autobús, los largos minutos en la sala de espera del médico, el tiempo dedicado a hacer una cola; situaciones, en las que tener un cacharro de éstos, alivia. Es cierto, que pueden pasar cosas maravillosas en esas circunstancias que ni siquiera percibimos, porque estábamos imbuidos en la pantalla, pero eso suele ocurrir sólo en las películas.

Lo que me hace pensar es lo que esperamos encontrar, si nos llena o nos frustra, si se trata de un sucedáneo de satisfacción o nos abre puertas, cuando ya, casi todo, lo buscamos y encontramos a través de este medio.

Vivir sin oler, vivir sin conocer los tonos de voz, vivir sin escuchar música en directo, sin comprender las cosas a través de los sentidos, leer sin tocar, entender sin una mirada, sin saber si el que escribe se comía las uñas mientras decía esto o lo otro, si fumaba un cigarro tras otro con ansiedad o con disfrute, si sonreía mientras transmitía no se qué información, si pisaba fuerte o arrastraba los pies, vivir sin escuchar las risas, sin ver los ojos en lágrimas del que te habla, vivir sin la pasión del directo. Hemos ganado en inmediatez, en presente, pero no sé si en sensaciones. Perdemos demasiado.

Y al final del día, quizás, haya que preguntarse cuánto tiempo le hemos dedicado a ese esperar, que hace invisible al entorno, pero sobre todo a lo que se espera, y cuánto a lo demás. Y no es todo o nada, es la alarma ante la posibilidad de que lo sucedáneo lo invada todo.

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